La aventura comienza con un sueño, nuestro sueño. En el desierto de Atacama en Chile cuando participaba del Atacama Crossing nació la idea de cubrir corriendo los 4 desiertos más significativos del mundo. Entonces ya no se trataba de cruzar el Atacama, sino que proyectaba también cruzar el Sahara en este mismo año. Así, una vez cumplido el primer objetivo, comenzamos a entrenar para Egipto.

En regresiva los días corrieron y en un instante me encontré en El Cairo. Que ciudad amigos. La describiría como un descontrol sincronizado. Calles rotas por la falta de acción de la parte pública, vendedores ambulantes de todas las cosas y comidas. El tráfico a pura bocina y pase y deje pasar; pero algo increíble, no se ven choques en la ciudad. Ya en el hotel Marryot de esa ciudad nos adentramos a controlar el equipo obligatorio de la carrera, junto a las 14000 calorías que hay que llevar para los 7 días del desierto. Todo bien.
Correría con el dorsal 32, con la celeste y blanca en la mochila. En autobús nos trasladaron al desierto a unos cuantos km de El Cairo.
Primer campamento, caída de sol brillante y bien naranja. No disfruté mucho del mismo ya que empezó a pegarme el Sahara. Diarrea y debilidad me dejaban casi fuera de la carrera; contaba con muy buenos compañeros de tienda – la Horus – que me alentaban a empezar, y así fue. Una primera etapa dura, casi sin fuerza en las piernas y bajo los 45 grados del desierto tornaba el hecho de mi llegada casi imposible. No fue así y llegamos en la primera jornada bien, lentos pero bien. El resto de las etapas se tornarían disfrutables para mí, ya que el corredor que se había preparado empezaba a aparecer. Los campamentos en estas carreras son experiencias ricas en charlas y una buena solidaridad hace que pasen en buena forma.
Largamos 140 corredores de todo el mundo. Chinos, Coreanos, norteamericanos, franceses, ingleses, etc. Entre ellos nosotros, tres argentinos: Francisco Somoza, Cristián Colque y mi persona. Además formaron parte de la experiencia el amigo de España y ganador de la carrera Juan Vicente García Beneito, Jeison Costa y Anderson Dutrau de Brasil, y muchos más. Otros dos voluntarios argentinos darían el buen marco que me permitió cumplir con el objetivo. El total de abandonos fue de 24 corredores. Mi tiempo 41 horas para cubrir 247 km quedando 34 en la general absoluta de la carrera.
Aquí en estas carreras la idea de todos es llegar. Luego se ve como uno esta y que ubicación pelea. La comida es muy importante a la hora de elegirla. Cuidarse el físico en todas las etapas te asegura llegar. La gloria te invade cuando ves la meta y es tuya. Más en mi caso que me estaba esperando mi familia. Son carreras de sacrificio.

No son para cualquiera. Requieren mucho corazón y mucha garra. Te come la cabeza de a poco. Terminamos en la pirámide de Giza con un marco muy especial. Segundo desierto de la serie de 4 cumplido. Muy duro. Todo arena. Calor sofocante y deshidratación sus principales características. Ya cumplí con 500 km en dos desiertos, faltan otros 500 km que se desarrollaran entre el desierto de Gobi en China en 2013 y Antártida en 2014. Seguiremos soñando y ayudando a los que más lo necesitan con las campañas solidarias de estos desiertos. De eso se trata de objetivos y de soñar. De algo distinto. De algo de lo que estoy orgulloso”.
Juan Ricardo Ferrero
Director Ejecutivo
Revista Recorrer
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